28/07/2010
Casi imposible identificar los cuerpos de pasajeros del avión paquistaní
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AFP - Una armazón calcinada, cuerpos despedazados y repartidos en un frondoso bosque, familias desconsoladas: es todo lo que resta del avión que cumplía el vuelo Airblue ED202 que se estrelló este miércoles en las colinas aledañas a la capital paquistaní.Hasta el momento, nadie sabe lo que determinó que a las 09H45 (04H45 GMT), el Airbus 321 que efectuaba un vuelo regular fuese a estrellarse contra las colinas de Margalla antes de desintegrarse como una bola de fuego."Los cuerpos están carbonizados y desintegrados, a menudo imposibles de identificar. Los restos está desparramados por el bosque", relató a AFP un responsable del servicio de socorro, Syed Zahir Shah."Los únicos restos que reconocí son los rostros de dos mujeres y de un niño", dijo, precisando haber transportado ocho cuerpos hasta lo alto de la colina, donde los sacos llenos de despojos humanos eran cargados en helicópteros.Una espesa humareda negra y llamas salían de la armazón carbonizada del aparato, desparramado en tres direcciones diferentes en medio de un frondoso bosque que se extiende por las colinas."Todo lo que podemos ver son manos o pies carbonizados. Recogí dos cabezas, dos piernas y dos manos, que coloqué en un saco", explicó a AFP otro socorrista, Arshad Javed."Gritamos para saber si había supervivientes, pero nadie nos respondió", agregó.El accidente terminó brutalmente con la luna de miel de una pareja de unos veinte años que había buscado escapar al sofocante calor de Karachi para volar hacia las templadas montañas del Himalaya en el norte.Nadeen Ahmed relató a AFP como este viaje había hecho soñar a su primo recién casado, Mohamed Ovais, hombre de negocios de 26 años."Sus padres están desesperados, como todo el resto de la familia. Era una pareja llena de vida, y su muerte repentina, justo después del casamiento, nos ha dejado atónitos".En el aeropuerto internacional Benazir Bhutto, aquellos que habían llegado para recibir a sus parientes iniciaban un duelo inesperado y doloroso, cada vez más abatidos a medida que las informaciones detallaban el accidente.Con los ojos enrojecidos por el llanto, Bilal Haider relató que había venido para recibir a su hermano menor, Abas, que volvía de una entrevista para trabajar en un banco en Karachi."Si hubiésemos sabido lo que iba a ocurrir, nunca lo habríamos enviado", dijo entre sollozos y sofocado por el dolor. Abas acababa de diplomarse en gestión de empresas.En el principal hospital de Islamabad, otros parientes de pasajeros trataban de seguir la llegada de las ambulancias que traían los restos de cuerpos calcinados encontrados en el bosque de Margalla.Muchos seguían esperando un milagro orando juntos o apoyándose mutuamente.Jehanzeb Khan, empleado en la vecina ciudad de Rawalpindi, tenía cinco miembros de sus familia en el avión. "Mi madre falleció ayer en la noche, y mi cuñada, mi cuñado, mi sobrina, mi sobrino y un tío venían para participar en sus funerales", explicó.La familia se disponía a llevar el cuerpo de la fallecida para sepultarlo en Jyber, un distrito tribal fronterizo con Afganistán, cuando se enteraron de la noticia."Enviamos a uno de los nuestros para que llevara el cuerpo de mi madre y volvimos a Islamabad para ver qué era de nuestros parientes", explicó Jehanzeb."Una tragedia horrible acaba de caernos encima", comentó.

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